Mostrando entradas con la etiqueta Nueva York. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nueva York. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de marzo de 2020

Buenos días mundo

Me comentan que estos días está lloviendo y hace feo en Valencia y que, incluso mejor porque así no entran más ganas, aún si caben, de salir a la calle. Y es que nos encontramos en un momento bastante delicado y difícil para un 2020 que yo, personalmente, pensaba que iba a ser la hostia. Pero bueno, resulta que en Nueva York también está lloviendo un día sí y otro no. La temperatura sube y baja, pero eso solo se nota cuando abres las ventanas de buena mañana para ventilar. ¿Será entonces que la tierra está respondiendo? ¿Será que está haciendo lo que le da la gana? No sé, el Teide apareció nevado el otro día. 

Vi un vídeo de Victor Küppers, si no lo habéis escuchado nunca os recomiendo alguna de sus charlas sobre la vida, así en general. Hace un par de días un grupo de expertos que hacen los TedTalks unieron fuerzas y hay varios vídeos en Youtube sobre estos tiempos que corren. Küppers es muy defensor de la actitud que le pones a la vida. Y en el vídeo que vi comentaba algo así como que necesitábamos un parón, pues oye, no puedo estar más de acuerdo. Todas y todos necesitábamos detenernos y contemplar nuestro alrededor. Escuchar a los políticos pelearse y darse cuenta de los incompetentes que son. Ver a los super mega famosos postear en Instagram y darte cuenta que ellos y ellas son iguales que nosotros y nosotras. Y así, un montón de aspectos, de gentes, de cosas que nos rodean día tras día y que no habíamos tenido tiempo de recapacitar. 

Como decía yo esperaba que este nuevo año venía cargado de promesas e inquietudes e iba a ser ¡insuperable! Los proyectos se truncan sí, porque como dice mucha gente, todo pasa por algo. Esto llega acompañado de una crisis mundial y peta, toca parar el mundo. Detenernos. Pensar pero sobre todo reconsider(nos) mucho. Y vivir... que en eso se basa todo momento.


Brooklyn, NY. Marzo 2020

jueves, 18 de agosto de 2016

Las flores de Luis. Los de Puebla

Hoy Luis ha preparado un ramo de rosas extremadamente bonito. Las rosas eran rojas e iban combinadas con unas florecillas blancas, otras moradas y algunas hojas verdes que relucían demasiado bien en este día nublado.

Luis es el mejicano de Puebla que se encarga de que en mi casa no falte eucaliptos o gomero de la sidra, como lo quieras llamar. Siempre que llega fresco me lo regala. Además, es el encargado de las flores del deli de la esquina camino a mi oficina. Así que, cada vez que paso a última hora del día le saludo y despido a la vez:
- Luis... ¡qué bonitas tienes las flores hoy!
Y él siempre me responde:
- Ándele, ¿cómo está hoy? ¿Ya se va a casa? ¡Se cuida!
- Sí, amigo. ¡Tú también!

Entonces yo giro la esquina y desaparezco entre toda esa gente que camina deprisa en contra mío. Van directos a la cuarenta y dos, o bien a coger el bus a Nueva Jersey, o bien a coger alguna de las múltiples líneas de metro que paran en la 42nd, en pleno Times Square. ¡Qué agobio esquivar toda esa gente que tiene unas ganas terribles de llegar a casa! 

El caso es que llevaba unas semanas, e incluso, meses queriendo escribir en Las Cuatro Cuarenta. Esta bonita historia que comenzó en el momento de embarcar en ese avión destino Nueva Zelanda y que me ha acompañado hasta hoy. Casi 6 años después. Lo que algo comenzó como una manera de reflejar mis viajes, experiencias e impresiones se ha convertido, un poco, en un diario personal que comparto con mi familia y amigos y, seguramente, con alguien más que se cuela en el blog. Ya se sabe que con esto de Internet, no puedes medir el alcance que tienes.

Hoy, además, he terminado de leer Noches sin dormir. He entrado en el vagón devorando las últimas páginas y me he sentado al lado de un señor que parecía tranquilo comiendo una empanada. Una empanada que, por cierto, ambientaba todo el vagón. Y con la buena pinta que tenía, mirándola y mirándolo a él como se la comía, me ha abierto el apetito. He pensado: "serán de Empanada Mama". Un sitio colombiano que me llevó Josh un día y que se nos antoja cada vez que andamos por Hell's Kitchen.

De repente, el señor que era mi compañero de asiento se ha terminado la empanada, ha abierto la bolsa grande que tenía en el suelo, ha rebuscado un rato y ha sacado otra con los mismos ingredientes. Muy delicadamente se la ha llevado a la boca y ha empezado a masticar. Claro, yo hacía como que leía el libro. Los ojos se me estaban yendo solos. Y entre mordisco y mordisco, él ha mirado entre mis páginas y muy descaradamente se ha girado y me ha dicho:
- Oh, ¿hablas español? Ahora veo que estás leyendo un libro en español.
- Sí, soy de España. De Valencia.
- Oh, sí. Ustedes tienen ese acento con la ce. Valenzia, Barzelona. Oh, sí, sí, yo sé.
- ¿Y tú? ¿De dónde eres?
- Yo soy de Méjico, de Puebla .¿Lo conoce? ¿Ha estado en Méjico?
- Sí, bueno, tengo una amiga que cuando la conocí solo me cantaba: ¡Chúpale, chúpale..! - y le he hecho el gesto de beber.
El señor se ríe. Se ríe tan a gusto que se le sale un poco de empanada de la boca. Entonces, continúo.
- Estuve en Guadalajara, también. Visitando unos clientes. Visitando las piscinas grandes y la cría del camarón. Muy rico el camarón de Méjico.
- Sí, yo he escuchado. Guadalajara es muy linda. Esta empanada lleva camarón. Se llama Viagra.
- Ah, muy bonito nombre.
Este último comentario también le ha hecho gracia. Y menos mal que ya no le queda nada de comida en las manos. Entonces, vuelve a abrir la bolsa de delivery (entrega a domicilio) y saca otra bolsa de plástico más pequeña. Me la da y me dice:
- Tome, cómase esta que me queda. Estoy yendo a hacer un delivery y no se crea que son de la entrega, no. Estas me las he cogido yo para el trayecto. Ya llevo muchos años con ellos y en otro restaurante italiano. Me gusta hacer los deliveries. He probado dentro, en cocina, fregando platos...pero no. A mí me gusta esto.
- Eso está muy bien. Más independiente así. ¡Gracias por la empanada! ¿De verdad?
- Sí, sí. Cómasela. Es como la que me he comido yo. No se crea eso que pone en la bolsa Beef & Broccoli -, y señala las pequeñas letras que tiene la bolsa de papel.

Ya hemos llegado a la cincuenta y siete y se tiene que bajar. Yo, mientras, agarro la bolsa que lleva la empanada dentro con las dos manos, bien fuerte, no se me vaya a caer y desaparezca ese apetito que tanto me ha generado su olor. Nos despedimos medio en voz alta.
- Suerte, que tenga un buen día amigo -, le digo yo.
- Sí, igualmente. Acuérdese, esa empanada se llama Viagra por si algún día va a comer a Empanada Mama.


Luis mostrándome el ramo de rosas. 


jueves, 15 de mayo de 2014

Muy frenética

Nunca conseguir algo había costado tanto. Y es que, hasta un sábado, una se despierta en Nueva York con prisas, corriendo a una reunión que, posiblemente, te traiga la oferta de trabajo que estabas esperando. Así que una vez más: Welcome to New York!

Esta ciudad frenética que comentaba en la anterior entrega, no deja de sorprender. Ya son cinco meses que intento conseguir un trabajo que me apasione y me permita tener una vida un poco más establecida en la ciudad. Pero estos cinco meses son pura adrenalina. Unas constantes subidas y bajadas. La oportunidad está aunque se resiste a llegar y parece que se retrasa. Tras un trabajo en un Wine Bar, otro en una empresa de cosméticos franceses, otro en una agencia de marketing online, uno como profesora de inglés, unas prácticas en una importadora de vinos españoles... Llega el momento que, con estas últimas prácticas me centro en una industria, un tanto sofisticada, interesante y en crecimiento. Por ahí van los tiros. Sumergida en los tipos de uvas, las añadas, las denominaciones de origen, los países, el mundo viejo y el mundo nuevo. 

Sin embargo, aquellas prácticas que vacilaban de un futuro próspero, llenas de experimentos y proyectos, de aprendizaje y explosión profesional, de promesas que se dicen y que luego no se cumplen, se quedaron en habladurías. Lástima, o afortunadamente que, todo en la vida, sirve para algo. La primera lección, nunca confíes en las palabras de un jefe, siempre ten guardada una alternativa para que al final quien salga beneficiado seas tú, y no él. Él, el Gran Jefe, al fin y al cabo, si no tiene las bases de cómo llevar un negocio y si no sabe gestionar una empresa, nunca verá tu potencial. Como dice la canción de Manu Chao, "si la vida te da más de cinco cabrones para aguantar, se fuerza la máquina de noche y día". 

Pues cabrones hay en todas partes, y disculpen la palabra no quisiera ofender. También hay cincos razones para seguir luchando, cinco razones para seguir soñando. La ciudad de Nueva York se mueve, se mueve y se engrasa cada día como esa máquina que rueda y que cuenta Manu Chao. Cada día más fuerte para afrontar las siguientes entrevistas, ofertas no cumplidas y/ u ofertas que llegarán. Su fin, llegar a conseguir que el día siguiente sea mejor que el anterior. No es fácil y, Nueva York, no lo pone fácil. 

Hay muchas frases que recuerdo a menudo, al menos, en esos 50 minutos de tren que tengo a diario para llegar a la famosa Penn Station y que, me sirven para mirar el día a día con más optimismo y mejor entendimiento. Una: paciencia es la madre de la ciencia. Seguramente, nunca me había inquietado tanto una situación de incertidumbre como en la que me encuentro ahora mismo. Otra: las cosas buenas tardan en llegar. Mi tío Patrick me recordaba esta mañana que a menudo, aquellas buenas oportunidades tardan más en cultivarse hasta que el fruto ya está listo. Una más: si lo consigues en Nueva York, lo consigues donde sea. Ésta la comentaba en la anterior entrega, la famosa canción de Frank Sinatra. Hace unos tres meses mi tío Paco me propuso escribir una entrega donde explicase a qué se debe esa frase. Por entonces, apenas recién aterrizada (y aún sigo como marca nueva en esta gran ciudad) no tenía argumentos sólidos para publicar algo así. Hoy sí. Hoy sí después de todo este esfuerzo, calvario, entrevistas sin respuestas, promesas incumplidas, trámites truncados, procesos desconocidos y charlas inesperadas. Hoy sí y si después de todo esto, no sale nada, es que la canción, esa canción, tiene mucho más sentido de lo que yo me imaginaba. 



Los pescadores saben que el mar es peligroso y la tormenta, terrible. 
Pero este conocimiento no les impide hacerse a la mar.


martes, 15 de abril de 2014

Nueva York flipa a las mujeres

La otra noche mi padre me despertó con el siguiente Whatsapp: Ingeniero Técnico 18.000€/ año. Dicen los expertos que tardaremos 16 años en alcanzar el nivel económico del que gozábamos antes de la 'famosa' crisis. 

En Nueva York eran las 3:30 de la mañana, en España las 9:30. Hay un dato que no puede dejar indiferente a nadie y, menos, a los jóvenes que como yo esperábamos tener un trabajo digno aquel día que entramos en la universidad y nos contaban esos proyectos, porvenires, etc. sobre un futuro muy próspero y que sé yo. ¡Mentira! Digo yo ahora 11 años después de aquel primer paso. Por desgracia nos ha tocado vivir esta época en la que, o bien, te sacrificas y tragas o, en la que vives dando tumbos de un lado para otro hasta que la campana suene y traiga un poco de suerte y, claro, tú no seas demasiado mayor. Sin embargo, como yo, hay muchos otros colegas, que desde hace ya unos años decidieron no parar. Y sobre todo, que ellos, los de ahí arriba que dicen gobernar, no nos pararan. Sí, como comenté mi sueldo actual equivale al sueldo mínimo permitido en el país. Ese mismo que tiene la gente que trabaja en puestos de comida rápida o empresas de limpieza. Pero como me dijo un amigo poco después de cumplir los 29 y, que no he parado de repetir: las cosas de palacio van despacio. No es que trabaje en un palacio, no. Es que, supuestamente, desde Europa tenemos la idea que trabajar en EE.UU. es la bomba. 

Lo que, verdaderamente, ocurre es que trabajar en este país te hace ser más fuerte, más competitivo, más estable, más luchador, más productivo. Ya creía lo mismo cuando tomé la decisión de ir a trabajar a Bangkok; pensaba, "después de Tailandia que me digan de montar un stand en medio de la nada, que lo monto". Ahora, tras hablar con varios españoles que andan, más perdidos que una aguja en un pajar, sigo pensando que tras esta andadura, el futuro está por llegar. Además, nos lo contaron hace un par de semanas en la Cámara de Comercio Española, quienes han iniciado un Taller de Búsqueda de Empleo para Españoles en Nueva York. En ella se nos contó que la finalidad de este taller es ayudar a los jóvenes que llegan a la Gran Manzana en busca de trabajo. Tras las palabras del director de migración española hay algunos matices. Una entidad española ayuda a los jóvenes que inmigran a la ciudad. Dicha entidad está respaldada por el ministerio de Asuntos Exteriores quien, a su vez, depende de las nuevas regularizaciones, leyes, recortes, derechos, decretos y demás aprobados, eliminados, creados y aplastados por el gobierno central. De ahí, que cada juzgue la creación del programa...

Para una chica cosmopolita, independiente, joven y sin compromisos probablemente sea la ciudad que, debido a su gran abanico cultural, tenga mucho que ofrecer. Sin ir más lejos, en ese taller que comentaba ¿podéis imaginar cuánta gente había? ¿Cuál era el porcentaje de mujeres y hombres?. Un 95% del total de los asistentes, éramos chicas. Yes! Jóvenes dispuestas a alcanzar la cima en la ciudad donde más se mira a la bolsa desde todas partes del mundo y que, por cierto, está dominada por hombres. Pero la cima se alcanza sembrando. Parece ser que una de las mayores esclavitudes del ser humano, el de la mujer como mujer, sufre una transformación en la sociedad del siglo XXI. La mujer trabaja, decide, viaja, es independiente...¿Asustará que, la mujer actual, haya logrado una gran emancipación? 

Mientras, tengo en la cabeza la famosa canción de Frank Sinatra que dice que si lo consigues en NY, lo consigues donde sea. También hay otra que dice vive en Nueva York una vez en la vida pero vete antes de que se te haga más difícil vivir en ella. Solo llevo cuatro meses y hay mucho que contar. La letra de estas canciones están cargadas de verdades, entre otras. Por la sencilla razón de que esta ciudad no te deja tiempo para reflexionar. Es decir, vives tan acelerada, tan sumergida en tu día a día que no hay suficiente tiempo para detenerse y pensar y si lo haces, quizás ya sea demasiado tarde, el de atrás ya te ha pisado. Además, el neoyorquino está tan acostumbrado a ver turistas en su ciudad que antes de que alguien vaya y le pregunte, éste ya está en la acera de enfrente. Como bien hizo el marido de mi tío, nacido en Long Island: "A mí, no me vengas a decir nada, ves al turista", le decía a un loco degenerado que hablaba solo en la calle y que molestaba un poco. Pero este no es el único que te encuentras por ahí perdido en Nueva York, hay unos cuantos más que gritan al aire, que hablan solos, que duermen en los metros. Cuando vives en la gran ciudad, esos ya no los ves. Sí que están pero no los ves (o no quieres verlos). Hace un par de semanas cogí la línea L, votada la línea más limpia por sus miles de usuarios diarios. En ésta, un vagón estaba completamente vacío (algo inusual de ver) y conforme se abrieron las puertas, el olor de esa vagón era indescriptible, era asqueroso. Un vagabundo dormía al final de vagón rodeado de sus bienes envueltos en bolsas de basura.

Aún así, y a pesar de las diversidades de vivir en una gran ciudad, a una le va entrando el gusanillo de que esta ciudad tiene algo que atrapa, que desborda, que satura, que engancha...¡qué flipa! 

"La vida es muy peligrosa.
No por las personas que hacen el mal, 
sino por las que se sientan a ver lo que pasa".

miércoles, 2 de abril de 2014

Cuando ya no vendan esas chocolatinas ¿qué voy a hacer?


Hay unos 53.000 vagabundos en todo Nueva York. Unos 22.000 son niños. De entre esta cifra, más de 12.000 familias enteras viven en las calles de esta gran ciudad. Es por eso que ahora una entiende la cantidad de gente que hay en la calle pidiendo 'una ayuda'; es innumerable. Hay algunos que se atreven a entretenerte con unos malabares, otros sujetan un cartel, otros tantos duermen con un gorro entre sus piernas. Algunos te sorprenden con un libro en la mano y una bonita frase que dice Everyone needs a little bit of help (Todo el mundo necesita un poco de ayuda). E incluso hay algunos que sujetan un cartel con dos hilos desde sus determinaciones apuntadas. En él te explica que le pasó y lo que necesita. El texto está en inglés y en castellano. 

Claro, al principio iba repartiendo dólares por compasión ¿podría decir?. Me sorprendía de mí misma porque me sorprendía ver a tantas personas pidiendo y no me sorprendía de la misma manera cuando vivía en Bangkok. Será que una llega a EE.UU. pensando que todo es capital, consumo, riqueza...¡Pero no! ¡No es así! Y tiene sentido...de eso ya hablaré en mi siguiente entrega.

Ahora, que desde hace 15 días encuentras chocolatinas en forma de huevitos y envueltas de un color brillante en las tiendas, esas que dicen Pharmacy 24h, que uno de un país no-anglosajón puede pensar que es una Farmacia, llena de medicamentos y demás, pero no, esto es un supermecado donde se vende todo tipo de comestibles empaquetados, enlatados o en bolsas. Y allí es donde encuentro un pasillo repleto de chocolates en forma de conejo, de huevo, de pato... porque las Pascuas están cerca (¿?). Así que lo que hago es comprar bolsas (en plural, porque ya van un par) que cuestan alrededor de unos $3 y que van cinco onzas (no llega a 150gramos). La llevo en el bolso y, como no puedo soltar los dólares tan al aire, porque realmente vuelan y porque mi sueldo no alcanza para mucho, reparto chocolates a los vagabundos que leen, que tienen un cartel que me llama la atención y a los niños. Éstos no piden pero igual, el metro que cojo a diario para subir al Bronx cada día va repleto de niños cogidos de la mano de su mamá. Vamos, que soy la 'Tía de los chocolates', como me dice una compañera de trabajo, que por cierto, es dominicana. Bueno, todos mis compañeros son dominicanos y/o con papás dominicanos pero nacidos aquí. Éstos pronuncian la ere como una ele y la ele como una ere. Vamos, que hasta el más doctor de los doctores suena divertido y poco serio. Pero ellos no tienen la culpa. La tienen los gallegos que llegaron a su país. Gallegos de Madrid, también, ¿eh?. Como me dijo el vendedor número uno de la empresa: "El dueño de esa tienda a la que irás el viernes es gallego, bueno, nacido en Madrid. Esos son gallegos también, ¿no?" En fin...

El caso es que a parte de gente que vive en la calle hay otra que te entretiene los largos viajes en metro y en una línea que cruza Manhattan, como por ejemplo la R, te encuentras desde tres jovencitos rapeando mientras uno hace piruetas arriba y abajo, enganchado en las barras y saludando boca abajo, con mucha gracia, a todo el personal, hasta un señor haciendo trucos de magia de donde saca una paloma, un conejo y hace desaparecer un sombrero. O, siguiendo en la línea de las artes, también te encuentras alguno que toca los timbales. Pero, entonces tu viaje puede terminar en la parada principal de Brooklyn y tener el gustazo de cruzarte, por sorpresa, pues su entrada en el vagón es discreta, con tres hombres de unos 50 años, afroamericanos, cruzando de un lado a otro del vagón, en fila india y sosteniendo un gorrito negro al mismo tiempo que cantan a Capella "What a wonderful world that would be...




"La verdadera pobreza no es la falta de pan, ni de techo,
la verdadera pobreza viene de la sensación de no ser nadie".



*Cita extraída de María Teresa de Calcuta. Lección número uno que aprendes viviendo en Nueva York es que, aquí, no Puedes ser como ella...

miércoles, 26 de febrero de 2014

Los domingos


Me gusta pintarme los labios, lo reconozco. Pero de un color discreto y acorde con la ocasión. No soy de marcas caras y tengo tonos rosados y algún que otro rojo pasión. ¿Qué sería la vida sin pasión?. Aquí, en Nueva York, saben muy bien lo que es eso. Constantemente te recuerdan en los encuentros para hacer el famoso networking que debes tener pasión en todo aquello que haces. Pero por descontado mencionar que el 75% de los americanos tiene pánico a hablar en público. Es por eso que muchos de estos eventos van sujetos a las formas y modales para relacionarse. Está claro, el norteamericano emprende pero no sabe conectar con las personas (adecuadas). ¡Y necesita ayuda!. Algunos eventos motivan, otros enseñan y en otros tantos se aprende a presentarse en 30 segundos. Aquí el tiempo es oro y cuesta dinero. De hecho, ya no vale regalar el tiempo, los años de esclavitud se acabaron hace 50 años. A pesar de eso, la tasa de desempleo entre los afroamericanos es de un 13%, que es casi el doble que el de la población en general (7,4%). 

En la ciudad se ven a los trabajadores. Los hombres trajeados con prisas que salen del metro y van directos a la oficina, sin detenerse y sin mirar. El GPS va incorporado y lo siguen para no alterar su ruta, claro, no vaya a ser que pierdan un minuto. Ellas también van con prisas, sin embargo, llevan zapatos planos, botas de nieve, botas altas o zapatillas de deporte y, un abrigo largo que no deja pasar el frío. Una vez llegan a la oficina, se cambian el calzado por uno un poco más bonito, ese que pega con la falda, las medias y la blusa. Aunque a veces no combina tanto. Con las prisas no tienen tiempo para hablar pero es que tampoco se intercambian una mueca entre tantas miradas cruzadas en el tren. Ese tren en el que pasas un largo tiempo del día y que muchos cogen. Todos los que abandonan sus casas hasta dos horas antes de empezar a trabajar para llegar a tiempo pero aún así, siempre, siempre, llegan tarde. 

Pero entonces, llega el fin de semana, el ansiado fin de semana. Los viernes comienzan con un Happy Hour donde en algunos bares las cervezas cuestan tan solo un dólar. ¡Y llega el sábado y el domingo! Es el momento de ver a las chicas un poco más sexy y arregladas, salen de fiesta y llevan tacones. Bueno, y es que llevan tacones aún con nieve y hielo en las calles. Menos mal que van acompañadas y se sujetan del brazo de su pareja, sino, ¡qué peligro!. Aunque el peligro está cuando entre semana esas parejas a penas se ven por falta de tiempo. Pero ya estamos en fin de semana y hay que aprovechar. Tanto es así que los clubes de Nueva York son los que más tarde cierran de toda la costa este de Estados Unidos. A las 4 de la mañana. Y en ellos, el norteamericano, demostrará una vez más que no sabe ligar. ¿Su manera para entablar una conversación? Sí, así lo creen, desean mantener una conversación de lo más amena. Entre la música de fondo, los empujones, los olores malolientes y las distintas pronunciaciones en inglés, aquello se parece más a una comedia italiana que a una peli ambientada en París. Pero ellos se empeñan.

Y cuando menos te lo esperas, ya es domingo. El día del señor, como bendijo y consagró el Señor, el día del reposo. Y ya está, los domingos en esta ciudad, son para las parejas. Y si además sale el sol, aún salen más a la calle y aún demuestran más su amor. ¿Qué de que manera? Pues muchos salen a comer, van al cine, al parque, a jugar o simplemente a tomar. Como podría hacer cualquier pareja en otra ciudad del mundo. Pero lo que aquí llama la atención es que ellas y ellos por fin van acompañados y les envuelve una inmensa felicidad que se dibuja en sus caras. Una sonrisa que, de un modo u otro, lleva pasión, mucha pasión. Y la llevan a su manera. 


"A veces el corazón ve,
lo que es invisible para los ojos"


domingo, 16 de febrero de 2014

Nadie dijo que fuera fácil

Han pasado ya dos meses desde que llegué a la 'gran manzana'. ¿Qué por qué se le llama a la ciudad de Nueva York la 'gran manzana'?. Fue el periodista, J. Fitz Gerald cuando, en los años veinte, escribió un artículo en el New York Morning Telegraph sobre las carreras de caballos. Allí se refirió a la ciudad como una gran cuadra cuando el sueño de todo jinete que hubiera montado un purasangre cabalgaba hasta la meta y esa meta era la 'gran manzana', Nueva York. Más tarde este término dejó de usarse, quedó anticuado y no volvió en boca de los americanos hasta los años setenta. Por entonces, la Oficina de Convenciones y Turismo de Nueva York comenzó a promocionar la ciudad bajo dicho sobrenombre. Ahora mismo, la ciudad es algo más grande que aquella 'gran manzana'. La gente vive en Manhattan, llamada entre los que viven en el estado: the city (la ciudad)El resto de neoyorquinos viven en el Bronx, en Queens, en Brooklyn, en Staten Island o en Long Island. Y eso, solo lo sabes una vez pasado el tiempo y descubierto que las distancias son tan largas como las que existen entre una ciudad europea y sus pueblos de alrededor. 

El caso es que llevo ya dos meses y la vida del inmigrante europeo no está siendo, verdaderamente, un camino de rosas. Pero espera, nadie dijo que lo fuera. Cumplir el famoso 'sueño americano' cuesta más de lo que me figuré cuando nada más llegar a la ciudad me llovían ofertas de trabajo para ganarme unos duros. La realidad es otra muy distinta una vez empiezas a coger el tren a diario y el revisor de las 11.15 de la mañana se convierte en tu amigo y te deja viajar gratis, por ejemplo. También, pasado el tiempo, empiezas a ver la vida y la monotonía del neoyorquino y empiezas a entender muchos comportamientos, lo cual me resulta siempre fascinante. Además, en dos meses me ha dado tiempo a:

Trabajar de camarera en una cervecería y dejarlo después de decirles que no me parecía bien su modelo de gestión. Ya ves, podría pensar que yo no soy nadie para hacer tal cosa pero me pregunté '¿cómo me voy a sentir mejor: sigo trabajando para esta panda de incompetentes o, me largo y me quedo más tranquila mente in corpore sano?'.
También me ha dado tiempo de trabajar de vendedora para una marca francesa vendiendo productos de cosmética en un centro comercial de la quinta avenida.
He hecho la entrevista más irrespetuosa que he tenido hasta el momento para un bar turco.
He recibido llamadas para trabajar en Boston, Carolina del Norte y Nueva Jersey.
He hecho entrevistas, pasado a la segunda fase y he aprendido que cuando hablamos de Marketing en Estados Unidos hablamos solo de ventas.
He ido por un edificio de Protección Oficial en Harlem (norte de Manhattan) vendiendo proyectos de caridad y jamás me he sentido tan mal en mi vida (esto lleva historia).
He pasado la segunda ronda y he rechazado el trabajo.
He hecho dos entrevistas en un mismo día.
He asistido a conferencias, encuentros y quedadas para conocer gente.
Me he apuntando a Yoga y a Pilates para conocer más gente y conocer de cerca al neoyorquino.
He ido a clases sobre organización de eventos y he acabado el curso tras seis semanas de lecciones.
He recibido una propuesta de trabajo en San Francisco para trabajar de azafata.
He sido invitada a hacer prácticas en una agencia de marketing on-line e ir a comisión.
He empezado, solo por cinco días, a trabajar de niñera para una niña catalana que tiene que practicar el inglés.

Pero aquí no acaba todo. Esto es solo una lista de lo que profesionalmente me ha ocurrido. A nivel personal, ya os podéis imaginar. Solo digo, por el momento, que nadie dijo que conseguir el llamado 'sueño americano' fuera fácil. Eso sí, y porque me gusta ser optimista, creo que una vez todo encarrilado la experiencia merecerá mucho la pena. El estrés de estar pendiente de un trabajo que te patrocine y te deje estar en el país el tiempo que dure el contrato y, estar, además, legalmente con un visado bajo el brazo sin riesgos que afrontar, es muy asfixiante. Sin embargo, es muy enriquecedor ir a las entrevistas, mencionar que eres Española, que has vivido en tres continentes diferentes (con este ya es el cuarto) y que has venido aquí a aprender, a mejorar tu carrera profesional y personal pero sobre todo, has venido para vivir la experiencia. Y, así, la otra parte de la entrevista, siempre queda sorprendida.


"Si esto fuera fácil,
no lo hubieras empezado ni hecho",
me dice mi tío Paco que me aguanta todos los días.

lunes, 10 de febrero de 2014

El inmigrante legal o ilegal

Deberíamos preguntarnos algo cada vez que vemos los telediarios o leemos las noticias. Quizás ya no nos abrumamos ni sorprendemos pero siguen ahí y salen a diario. Hablamos de la cantidad de subsaharianos, en el caso de Europa y de mexicanos, en el caso de Estados Unidos, que cruzan la frontera a duras penas. No somos tan consciente cuando escuchamos la cifra de muertos o supervivientes que arriesgan sus vidas buscando un futuro mejor. O simplemente, un futuro diferente porque muchos de ellos no saben a que se enfrentan ni que hay en el otro lado de la verja, de las cuchillas, de las barreras, del agua; detrás de las fronteras.

Pero luego ¿qué? Los que sobreviven quizás infrinjan la ley una vez en tierra ajena, pasan a ser los llamados 'sin papeles', a no tener derechos sociales, a trabajar de lo que sea y de lo que puedan. Pasan a no tener derechos laborales y a vivir en una constante incertidumbre. Incluso, se corre la voz entre las personas de un mismo país para que a su llegada ocupen puestos de trabajos similares. En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, los mexicanos están en los restaurantes, los peruanos en los parkings, los colombianos en la limpieza y, así, lo mismo en todos los sectores donde se necesita mano de obra (barata). Además, uno de los puestos de trabajo más populares que ocupan las inmigrantes, sobre todo, es el de niñera, o baby sitter como dicen aquí. A su llegada a un nuevo país, muchas latino americanas cuidarán de los niños de jugadores de basquet, de béisbol, de ministros, de empresarios, de actores... E, incluso, en Reino Unido trabajarán para el secretario de Inmigración. De hecho, no hace mucho, saltó la noticia que Mark Harper, titular de Inmigración británico, dejaba su cargo al saber que su limpiadora era ilegal. Has leído bien, ella era 'ilegal'.

Pero, ¿qué significa ser inmigrante ilegal? ¿Por qué se cierran las fronteras? O aun mejor preguntarse, ¿por qué existen fronteras?. Además, ¿por qué Suiza acaba de aprobar una ley para limitar la inmigración laboral en el país?. De los 8 millones de personas que viven en Suiza, casi un cuarto son extranjeras y unas 500.000 personas son musulmanas. Muchos son los hijos de los antiguos refugiados que llegaron a este país durante la guerra de los Balcanes, alrededor de los 90. Aquellos llegaban a Suiza porque un conflicto azotaba su país al igual que lo hicieron años atrás los españoles, italianos y alemanes que se fueron a Latino América por causas mayores.

Y mientras, en Suiza se aprueba dicho referéndum, en Estados Unidos se anuncia que en algunas ciudades con estancamiento y reducción de la población empiezan a recurrir a estrategias de atracción para los inmigrantes para impulsar, así, el crecimiento económico. Para lo que unos la inmigración es un problema para otros es la solución. Para lo que algunos piensan que es una injusticia que se cierren fronteras para otros es una buena solución proteger el paisaje a causa de la construcción por falta de viviendas y conservar la calidad del país. Lo que está claro es que la medida que Suiza adoptará cuando más del 50% de su población vote a favor de limitar la entrada de inmigrantes, principalmente de la Unión Europea, amenazará la libre circulación entre personas de la Unión Europea y Suiza. En la misma línea que dificultará las relaciones con la UE.

La vida del inmigrante, legal o ilegal, no es fácil. Algunos lo hacen por necesidad, muchos otros por cuestión laboral y otros pocos por placer. ¿Crees qué deben existir dichas restricciones y estrategias?.



"No importa el color que seamos, 
somos todos iguales" 


Ilustración: Sadi Tekin, un artista y amigo. 

sábado, 25 de enero de 2014

Ellos

Les apodan fríos, patriotas, competitivos, consumistas y cosmopolitas. Se cree, además, que sus vidas están llenas de estrés, de facturas que pagar y es difícil llegar a fin de mes. Que van tan deprisa que un pequeño empujón les irrita y hace gritar excuse you! (¡discúlpate!). Y es que sus vidas están llenas de rutina e independencia. Como por ejemplo, los largos paseos de largas distancias que, por suerte, subida en el metro te lleva a todas partes y, que por desgracia, debes coger a diario. Aunque también hay autobuses, trenes e infinidad de taxis. Quieren petróleo porque sus vidas están tan acomodadas pegadas a un vehículo que lo quieren además más barato porque el petróleo les rodea el mundo, su mundo. Se inventan motivos para invadir países. El país se compone de muchos estados y cada uno legisla a su manera. En algunos ya existe el matrimonio homosexual, el consumo propio de marihuana y alguna otra cosa más. El sistema les obliga a tener un seguro médico y por él pueden llegar a pagar hasta $4000 al mes. Pero puede que un mal día te arruine la vida. Puede ser que ese seguro no cubra la operación médica tras un accidente de coche. Puede ser que el banco te embargue la casa y te quedes sin hogar cuando salgas, vivo, del hospital. Además, de que pagas impuestos y más impuestos por todas partes. 

Hay locos, ricos, pobres, modernos, estrafalarios y trabajadores. Por la calle, a los locos se les ignora pero ¿será esa ignorancia la que les lleve a la locura?. Son educados, civilizados, morales y falsos. Son contradictorios. Hay arte en las calles, música, risas, olores y tráfico. Tienen nominaciones, galardones, galardonados y premios. Tienen los Oscars. De hecho, Captain Philips espera ser la película del año y no lo es. Están cansados de su nación. Esta película es por y para ellos, ¿pero dónde están las armas en la tripulación de la peli cuando cualquier ciudadano puede tener una en su casa?. Existen dichas contracciones. Hay pistoleros, bandoleros y policías. Éstos son una atracción turística y es que los turistas se hacen fotos con ellos. ¿Serán los policías tan famosos en algún otro lugar del mundo?.

Aquí, hay trabajo para todos. Trabajan todos los que quieren trabajar. Sin embargo, no hay derechos laborales y si los hay, son pocos. Tal vez, no hay discriminación a la vista pero quizás la haya. Acuden a restaurantes a diario y encuentras gran diversidad cultural. El camarero vive de las propinas. Las propinas son obligatorias indiferentemente si el servicio es bueno o malo. Será que el trabajo es valorado por el cliente y no por el empresario. Hay nuevos empresarios que entiende muy poco del negocio, que se aprovechan y que no saben gestionar. Ellos emprenden, se arriesgan. Ellos también fueron inmigrantes. 

"La vida es lo que te pasa 
cuando estás ocupado con otros planes"


Y entonces, un día cualquier, sumergida en la monotonía del día a día, siguiendo esa corriente esperas más de un minuto el siguiente metro que perdiste y ¡te da rabia!. Ya estás en su mundo. Pero mientras aguardas la llegada, un hombre asiático toca la guitarra española que ambienta la parada y la espera. Tienes a gente sentada a tu lado quienes se van al poco rato, suben en el tren que llega antes que el tuyo. Afortunados, piensas. Aunque no importa, faltará poco para el siguiente. Se están cerrando las puertas y te das cuenta que entre la gente hay un chico que escucha música a través de sus auriculares. El joven lleva un ramo de flores agarrado en su mano derecha. Su aspecto es medio punk, pantalones elásticos de pitillo negro, botas Dr. Martens granates, cazadora de cuero negra y pelo rizado largo. En ese medio minuto, se van cerrando las puertas a medida que suena el aviso. Me llama la atención que un chico con ese aspecto lleve flores ¿por qué? y se ha dado cuenta de mi sorpresa. Finalmente, las puertas se cierran. Me quedo pensando y esperando a que llegue, por fin, mi tren. Me impaciento pero una pequeña reflexión se ha apoderado de mí. El tren se oye llegar a lo lejos dentro del oscuro y sucio túnel. Éste sí que es mi metro y conforme entro, le digo a una señora que se le ha caído un papel naranja y ella lo recoge con mucho agradecimiento. Y no sé porque pero llego a la conclusión que, Estados Unidos, aún tiene mucho que enseñarme. Quizás por su gente, quizás por la mueca del chico o, por la señora o, por sus reacciones. No estoy segura. Ellos son sencillos, discretos, honestos, sentimentales y cobardes.

by Humans of New York




sábado, 11 de enero de 2014

Mi tío Paco

Del 2008 al 2012, 700.000 personas han emigrado de España. En el 2013 las cifras publicadas hasta el momento mostraban que la emigración seguía creciendo. Ya no solo es un fenómeno entre las personas españolas sino también, entre los extranjeros que deciden volver a su país de origen.

Salí de España en 2007 y reconozco que mi espíritu aventurero me llevó a hacer esto. Tanto es así que no paré hasta el 2012, cuando mi aventura me deparó una oferta de trabajo que hasta entonces no había tenido en España. Me mudé, trabajé y comencé a entender mejor el flujo de emigraciones españolas por necesidad laboral. La oportunidad me enriqueció y aunque se truncó demasiado pronto, valió la pena. Ahora bien, lo peor fue volver a España con una tasa de desempleo del 26,2% en todo el continente, según Eurostat en enero del 2013. Cuando encontrar trabajo era una misión imposible. Con muchas ganas de seguir aprendiendo y formándome, solo hacía entrevistas por Skype y ninguna con mucho éxito. Si somos realistas, una empresa extranjera no contrata inmigrantes que residan fuera. Hay que estar físicamente allí, en el momento y en el lugar.

Para entonces, en Valencia, solo podía apuntarme a algún curso y seguir con una pequeña formación académica. A través de la Cámara de Comercio asistí a clases sobre emprendurismo, financiación y marketing. Buen ambiente entre los compañeros donde se respiraba ánimo esperanzador y motivador. Por primera vez asistí a una clase de autoestima y automotivación. Cómo alcanzar proyectos a corto y a largo plazo. Parecía, y te lo recordaban cada día, que corren tiempos de emprender. No había, ni hay, trabajo para los jóvenes preparados y si lo hay, no da para vivir en una ciudad donde la mitad de su sueldo mensual se va solo en gastos del hogar. No quiero vivir de esta manera. No quiero, además, vivir en una sociedad donde se comenten injusticias y barbaries. No quiero ver como los derechos sociales y el sistema de bienestar que tanto costó se desploman. No lo quiero yo ni lo querían los abuelos de los jóvenes que nos vamos y que también, en su día se fueron. Los jóvenes que no nos vamos por aventura, eso lo puede tener claro la secretaria de Inmigración y Emigración, Marina Del Corral, que aseguró que el tipo de migración que se está dando ahora "no se debe a la crisis económica" sino al "espíritu aventurero de los jóvenes". Muchos ya hemos vivido esa aventura, hemos crecido y aprendido y ahora, nos vamos porque queremos un futuro mejor. Más digno.

Pero recordemos a aquellos abuelos o bisabuelos que abandonaron el país. Ellos sí que eran los verdaderos valientes. Hace 50 años subirse a un barco significaba mucho emocionalmente y así lo vivió mi tío abuelo Paco. Con una hija de tan solo un año, los tres se embarcaron en una aventura que costó 27 días. Ésta les cambiaría la vida para siempre. Por entonces, el franquismo ya estaba presente. Los republicanos que lucharon y se salvaron no querían seguir en el país. Lo mejor era salir y rehacer sus vidas en nuevos destinos, como por ejemplo Latino América. Como bien dijo mi tío abuelo antes de partir "Yo me largo, y no volveré hasta que este hombre se haya muerto". Lástima que falleció él antes que el dictador.

Mi tío Paco también quería tener un futuro merecedor. En 1951 decidieron marcharse. Llegaron a Argentina y más tarde a Nueva York. Ni siquiera terminó la Enseñanza Media. Y una vez en Estados Unidos trabajó limpiando platos, de ascensorista y acabó montando una fábrica de calzado. ¿Se habría imaginado él que acabaría haciendo zapatos algún día?. Yo creo que no. Solo buscaba dignidad, la misma que, actualmente, creen muchos jóvenes emigrados a Europa, Estados Unidos o Latino América; Españoles en el Extranjero por Dignidad. Este viaje no es impulsivo, es una huída. Quiero seguir aprendiendo. Quiero tener trabajos precarios, enriquecedores y profesionales. Quiero que se me valore por lo que soy. Quiero que mis experiencias ya vividas, la supervivencia, las aventuras positivas y el crecimiento personal se vea reflejado en mi vida profesional. Quiero conseguir un sueño y que me dejen alcanzarlo. De momento, no creeré mucho en el famoso 'sueño americano' pero la experiencia internacional que se tiene viajando se verá en el futuro. Quiero que esta aventura, sí, claro que es una aventura pues no sabes como va a acabar, tenga un buen final. La mía, no la considero tan contundente como la del tío Paco. Por suerte, tengo una familia en Valencia que me apoya en todo momento y que son un gran ejemplo para mí. Sí ¡soy una afortunada, Internet ha hecho que la distancia no exista y quiero vivir con dignidad!



"Si quieres algo en tu vida que nunca has tenido,
tendrás que hacer algo que nunca has hecho"

lunes, 6 de enero de 2014

Welcome to 2014

Llegó por fin el 2014 y me siento más cerca que nunca del capitalismo. En Nueva York no se comen las doce uvas al compás de las doce campanadas que dan las 00.00am. Es algo más simple que atragantarse con ellas. Eso sí, se reúnen miles de personas en Times Square para recibir el año nuevo. Algo así como lo que se hace en la Puerta del Sol de Madrid o en las plazas de los pueblos para escuchar los cuartos y todo lo demás. Aquí, llegó el minuto previo al nuevo año y cantamos la cuenta atrás. En la fiesta donde estaba, rodeada de turcos, todos estábamos emocionamos. La bola de cristal que baja desde unos de los rascacielos más antiguos de Times Square recorrió el minuto entero al son de los gritos.
El caso es que entramos en el 2014 con fuerza. Tras mi paso el verano pasado por uno de los restaurantes más populares del mundo, Juan y Andrea (Formentera) y ver que la crisis es un cuento que han creado los de arriba, que nos manipulan y nos dominan. Ha llegado el momento de, además de ver como los ricos cada vez son más ricos, de vivir en el país donde el dinero lo mueve todo. Donde de un día para otro, te puedes quedar sin nada. Podríamos hablar de Hong Kong, la ciudad autónoma de China con altos índices de libertad económica y que la hace muy diferente del resto de la economía china. Pero no, hablamos de Nueva York, considerada en 1929, desbancando a Londres, el centro de una 'economía-mundo' o lo que viene a llamarse ahora, economía mundial. La Tríada (Europa, Japón y América del Norte) concentra el 75% del comercio mundial de sus grandes megalópolis -Londres, Tokio y Nueva York- que reúnen una parte similar de las operaciones financieras del planeta. El 94% de las empresas multinacionales se encuentran en dicha Tríada.

¿Qué significa entrar a formar parte de este mundo? Probablemente, de pronto, es estar más cerca de la realidad mundial. El dinero, los 'green back' como llaman aquí a los dólares, es quien realmente manda. Recuerdo que antes de irme a trabajar a Bangkok (Tailandia) mi padre me preguntó '¿Y cómo ves la ciudad para vivir?', yo le contesté 'Es una ciudad de contrastes. Puedes entrar en un centro comercial de ocho plantas y comprarte un BMW, bolsos Louis Vuitton o una camisa de Zara y, salir a la calle donde te pegan 40C de frente, y derretirte viendo una familia entera viviendo en la cuneta de la calle'. Al final, después de diez meses viviendo allí lo que al principio te impresiona luego acaba siendo normal. Lo que me lleva a afirmar una vez más lo que vengo diciendo. Ahora, estoy experimentado la misma sensación. Se calcula que hay unos 2.000 vagabundos viviendo en las calles de Nueva York. Días como los que estamos teniendo por estas fechas con temperaturas de menos 14C, se cobijan en las estaciones de metro, de trenes u otros sitios públicos en busca de calor. Cada vez que los veo, siempre me pregunto: ¿qué les habrá pasado en sus vidas para acabar así?. Pero ¿por qué me lo pregunto más aquí que cuando vivía en Bangkok?. Sencillamente, porque en Bangkok alcanzan a sobrevivir con muy poco dinero y cuando digo poco, me refiero a 50€ al mes. En Nueva York, hasta el aire para las ruedas del coche tienes que pagarlo. Y hay más.
Si no tienes dinero no eres nadie ni haces nada. El tiempo ayuda a acostumbramos a asimilar lo que vemos con nuestros propios ojos porque la realidad nunca deja de enseñarnos. Comencemos, así el año, con vivir más de una realidad para saber ¿cuál es la real?.



"Si quieres sentirte rico, 
cuenta las cosas que tienes que el dinero no puede comprar"

Buenos días mundo

Me comentan que estos días está lloviendo y hace feo en Valencia y que, incluso mejor porque así no entran más ganas, aún si caben, de salir...