domingo, 8 de enero de 2012

Dunedin- Wanaka

Ya he dejado atrás la ciudad que ha sido mi casa estos últimos meses. Un trayecto en autobús de Dunedin a Wanaka, el pasado miércoles 23 de noviembre, ha puesto punto y final a una de las mayores y más ricas experiencias que he vivido hasta el momento.

Sin grandes despedidas, ni lágrimas de adiós y sin nostalgia al dar por terminado este período en mi vida, me subí al primer Atomic Shuttle que une las dos ciudades. Esta compañía tiene un servicio de dos autobuses diarios. Para empezar a viajar por Nueva Zelanda, Wanaka sería mi primer destino. Un pueblo a unos 275km al noroeste de Dunedin, en el interior de la región Otago. Su población es de 3.500 habitantes.


 Muelle a orillas del Lago Wanaka.

Tanto en invierno como en verano, Wanaka recibe la oleada de cientos de viajeros e inmigrantes que, fascinados por su belleza, deciden quedarse a vivir por una temporada. En invierno, las pistas de esquí, que quedan a pocos kilómetros de la ciudad, se llenan de australianos, europeos y coreanos. Muchos de los mochileros que están recorriendo el país tienen la suerte de poder trabajar en los remolques durante la temporada de invierno y mientras pasas sus vacaciones aquí.

Veleros un domingo en el Lago Wanaka.
Wanaka. NZ

 
Wanaka está dirigida al turista local e internacional. La cantidad de hoteles y residencias de lujo con increíbles vistas al lago Wanaka es una prueba de ello. Es muy aconsejable dedicar una mañana entera, y mejor si se trata de un día soleado, para bordear el lago. Se puede hacer en bicicleta o andando y las vistas desde allí son espectaculares. Las grandes montañas cubiertas de nieve, las casas (casi mansiones) propiedad de personajes públicos como el Primer Ministro de NZ, John Key, o el capitán de los All Blacks, Richie McCaw, e incluso la cantidad de veleros, lanchas y piragüas que se pueden encontrar en el lago; hacen que Wanaka sea casi única. Y como no es un pueblo muy grande, puedes encontrarte la misma gente que hace el paseo por el lago por la mañana, y más tarde, está a orillas del lago tomando una cerveza. De hecho, un kiwi que me encontré en ambos sitios, me contó que el precio de las viviendas que hay alrededor del lago puede rondar el millón de dólares neozelandeses.
Wanaka es de clima seco, debido a su situación geográfica, con temperaturas extremas. Un día de verano puede rondar los 35º y unos 18º por la noche. Tuve la suerte de disfrutar de uno de estos días, tras mi paso por Dunedin, por lo que aproveché y caminé el Mount Iron. La caminata no es muy larga, en una hora y media has subido y descendido la montaña. Desde el pico se pueden apreciar vistas como las que refleja esta fotografia.

Vistas desde el Mount Iron.

Mi estancia en Wanaka acabaría pronlongándose algunos días más de lo estimado. El buen clima, el sol, relax en el albergue, la buena compañía con mi amigo Alexis, las camitanas diurnas, las barbacoas nocturnas...fueron algunos de los motivos por los que Wanaka me encantó.


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S. Aparicio Ramírez.

martes, 20 de diciembre de 2011

Disfrutar del viaje...

Desde ahora y hasta el final de mi aventura dedicaré este blog a cada uno de los destinos que pararé, con mi mochila a cuestas, y donde me quedaré un día, dos o una semana.



Comienza una serie de relatos en los que intentaré reflejar las más curiosas y divertidas anéctodas, lugares, vivencias, experiencias; será una serie de relatos de personas y reflexiones.


Como me dijeron hace diez años en la escuela: Bon vent i barca nova.


Disfrutar del viaje....


 
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S. Aparicio Ramirez

viernes, 14 de octubre de 2011

Después de unos meses

Mi ausencia estos días (y meses) se debe a mi over work por querer ahorrar dinero y seguir mi viaje desde aquí al Sureste asiático. Por eso que no he encontrado tiempo para sentarme y escribir. Pero también se debe al cansancio y a la gran vida social que he ido acumulando en estos...¿seis meses? desde la última vez que escribí en Las Cuatro Cuarenta. 

Para muchos de vosotros ya queda lejos el verano, las altas temperaturas, las idas y venidas de amigos y familiares, la desconexión de la monótona vida, las cervezas bajo el sol y algún que otro placer de la vida, típicos de las fechas veraniegas. Sin embargo, al otro lado del mundo, en estos meses, ha llegado el invierno cargado de nieve e intenso de trabajo. Dunedin, la cuarta ciudad de Nueva Zelanda, ha vivido las consecuencias de uno de los más graves terremotos ocurridos en Christchurch, tercera ciudad del país. Unas 100.000 personas han emigrado a Wellington, la capital y/o a Dunedin, a unos 360 kilómetros al sur de la devastada ciudad. 

Con ello, algunos de los negocios se han ido trasladando a Dunedin poco a poco, lo que ha traído a la ciudad y concretamente a la hostelería conferencias, reuniones y cursos. Desde entonces, Southern Cross Hotel, el mejor hotel de la ciudad, ha estado ocupado casi al cien por cien y ha dado trabajo a los más de 50 asistentes que formamos la plantilla. Aunque, también durante estos meses, el haber trabajado en el hotel, me ha dado la oportunidad de servir al mejor equipo del mundo de rugby, The All Blacks, al de los jugadores del equipo de rugby de la ciudad de Perth (Australia) The Emirates Western Force y recientemente, durante mis últimos días trabajando en el hotel The Rugby Football Union, el equipo de rugby de la selección inglesa. Estos estuvieron alojados en el hotel unas tres semanas. Ahora mismo puedo recordar qué tipo de café tomaba cada uno de los jugadores y miembros de la dirección.

Además, he podido ir a dos de los cuatro partidos que se disputaban en Dunedin, y no en Christchurch, con motivo del Mundial de Rugby 2011 que empezó a principios de septiembre. El primero, Argentina vs England. Mi amigo Theo me ofreció ir al partido con él y acepté sin pensarlo dos veces. ¡Gracias Theo! El ambiente era pura adrenalina, cánticos, gran hinchada argentina, pancartas, respeto y mucha diversión. El fin de semana siguiente Dunedin volvía a recibir al equipo inglés, esta vez jugaban contra Georgia. Un partido no muy relevante jugando contra un equipo flojo del mundial, un domingo a las 6 de la tarde. Ni imaginarme, entonces, que podría ir al estadio y ver otro partido del mundial ¡gratis! El mismo día del partido, estando con mi amiga Carla, chilena que le gusta mucho bailar salsa, su novio, camarero de uno de los más populares bares durante el mundial, nos ofreció dos entradas. ¿Cómo? Uno de sus clientes, quien tomaba tranquilamente una cerveza en el bar con su mujer, rechazaba ir al partido. Simplemente prefería quedarse allí y verlo por televisión. Así que, Carla, no muy convencida, y yo nos íbamos al estadio con las dos entradas en mano. Los asientos estaban ubicados en una inmejorable zona; ¡hasta salimos en la tele! Más tarde nos enteramos que esta pareja había venido a Nueva Zelanda en un viaje organizado, solo y exclusivamente, para ver cinco partidos de su equipo inglés.

Y si en su día pensé ir a South Africa porque en el verano del 2010 iba a tener lugar el Mundial de Fútbol y sería un buen momento para trabajar de periodista y estar viviendo en otro continente. Ahora, más de un año después, en la otra parte del mundo, he podido vivir el Mundial de Rugby 2011, ir a dos partidos, conocer a importantes jugadores y en fin, esperar a que llegue la final en tan solo dos semanas. ¿Apuestas? por aquí, los kiwis dicen que será una final como aquella del 1987 cuando The All Blacks derrotaron a Francia 29-9; éste ha sido su primer y único título conseguido hasta el momento.


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S. Aparicio Ramírez

domingo, 17 de abril de 2011

Feastock

Feastock. ¿Cómo hacer un festival en casa y para los de casa?
Este es el nombre de un festival de música creado por un grupo de chavales, músicos e... inquilinos en una misma casa. De ahí que tenga algo de diferente este evento, ya consagrado, por tercer año consecutivo en la ciudad de Dunedin. Los cinco viven en el número 3 de Fea Street, Dalmore, Pine Hill. Una casa con seis habitaciones, un baño completo, una cocina –alargada- con un gran ventanal que tiene vistas a una enorme terraza con jardín y gradas (construidas por ellos). Y es, en este mismo lugar, donde el pasado sábado 16 de abril, se escondía uno de lo más populares eventos musicales del año: Feastock 2011

La idea surgió hace tres años cuando Steve, Peter, Logan, Callum y Kathy pensaron en juntar a unos cuantos amigos, un mismo día, para disfrutar de la música. Así su primera edición nació en 2009 cuando apenas contaban con recursos económicos y tenían muy poca experiencia en la organización de grandes eventos (éste con aforo para 300 personas) aunque, eso sí, sobraban las ganas de hacerlo bien. Asimismo, se pusieron manos a la obra; contactaron amigos, diseñadores gráficos, fotógrafos, cámaras, iluminadores, técnicos de sonido, gerentes de locales, seguridades... Con el empeño de hacer algo diferente y familiar el festival diurno empezaba a tener forma. Muchas de las amistades del mundo artístico ayudaron en todo lo posible con una dosis añadida de mucha ilusión. El cartel del Feastock 2009 se llenaba poco a poco con un insólito número de 9 grupos de música para nueve horas de festival. En su conjunto, el escenario, las luces, los inodoros portátiles y las zonas habitadas por si llovía, a principios de otoño, dejaron impresionado a más de un asistente que se iba con el deseo de volver a repetir próximamente. 

Feastock 2011
Alizarin Lizard. Dunedin. NZ

Y así lo hicieron, pasado el año, el Feastock mejoró en técnica de sonido y afinó su horario para que, esta vez, 10 bandas tocaran desde las 12 del mediodía hasta las 9 de la noche. Se hicieron muchos más preparativos, se corrigieron errores, algunas de las  bandas que participaron el año anterior repetían una vez más y, otras tantas, se unían al cartel de esta nueva edición. Los vecinos y la comunidad fueron avisados del evento y con esto, los organizadores previeron problemas con la policía. La entrada al recinto con bebidas en botellas de cristal quedaba totalmente prohibida y solo se permitían botellas de plástico o latas,  por lo que, así, evitaban daños entre los espectadores... como, por ejemplo, este niño que jugaba y bailaba entre el fango en la edición del 2011. 

Feastock 2011.
Dunedin. NZ

Tras mucha expectación, mucha más publicidad, un documental y un cartel con mucho mayor peso popular llegaba el Feastock 2011. Y aquí estaba yo. Aún con la resaca de la música en vivo, el rock&roll, con la sensación de que este grupo de chavales tienen muchas ganas de disfrutar de Su música... y de que, al fin y al cabo, eso es lo más importante cuando se hace bien. Me llevo una de las mejores experiencias vividas hasta ahora en Dunedin. El buen rollo, la tranquilidad de no tropezarse con la violencia y que, en Nueva Zelanda, encuentras cada fin de semana, la música en directo; quedarme fascinada viendo a uno de los mejores baterías del país y quien es mi compañero de piso en: Operation Rolling Thunder. O simplemente ver Idiot Prayer, Thundercub, Alizarin Lizard, Left or RightMountaineater...
Dunedin, ciudad de artistas y para artistas. 

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S. Aparicio Ramírez

miércoles, 23 de marzo de 2011

Cultural shock

Empiezo el año con una visita relámpago a Valencia, ciudad donde nací. Aprovechando un billete de ida y vuelta, tengo la suerte de disfrutar de unos días con mi familia y amigos. Es por eso, que quizás sea la falta de costumbres valencianas la que me lleva hablar de lo que un día me contó una profesora de la Universidad Otago: el cultural shock (choque cultural). Es decir, las sensaciones que se tienen cuando se llega nuevo a un destino. En mi caso, no es que sea nueva, es que han pasado diez meses hasta que he vuelto a mi país y donde he tenido buenas y malas impresiones, las cuales, no serían las mismas si no hubiera estado fuera de mi ciudad todo este tiempo. Así que sin más, podré hablar del primer fin de semana que tuve cuando llegué a España. Fue algo movido por un jet lag que no se me pasó hasta una semana después, una fiesta descomunal, una salida de compras por el centro de Madrid y algunas otras más historias que me pasaron y que al final de cuentas me dejaron muerta matá. 

Con ello, me llevo mi primera impresión en Madrid, ciudad con más habitantes que en todo su conjunto Nueva Zelanda. Allí aterrizo en un avión de Iberia -aerolínea española-, repleto de ejecutivos bien trajeados, con maletines, corbatas, abrigos...toda una gente elegante. Por entonces llevaba 30 horas de vuelo. Sin querer, escucho las conversaciones de los pasajeros tres filas más atrás mientras un miembro de la tripulación reniega porque los de bussiness class llevan demasiado equipaje de mano; señores, estamos en España. No hay restricciones (y si las hay se las saltan) pero sí, enfados porque el viajero de primera se ha pasado del límite.

Tras esto, una vez ya en tierra con mi querido hermano y hermosas primas, tomando una copa balón en un bar de barrio, me llevo un susto impresionante, pues mientras hablábamos largo y tendido y llegadas las 2 de la madrugada, un tipo bajito de aspecto corriente entra en el local y se dirige a los servicios -hasta aquí todo normal-. Como en cualquier bar español la entrada para utilizar los servicios no queda restringida, por norma general, a ninguna persona (pero creo que empiezan a haberlas). De pronto, este chico de aspecto corriente sale por la misma puerta por la que entró pero en su camino, haciendo una parada fugaz en la caja registradora, se detiene, mete mano y se lleva todo el dinero acumulado de la jornada. Claro, sale corriente dejando algo de confusión y mucho revuelo. Los más enterados salen corriendo tras el ladrón mientras algunos otros llaman a la policía. Las camareras, bastantes desconcertadas y sin saber muy bien qué hacer, deciden al fin, cerrar el local y mandarnos a todos afuera. Asimismo me llevo una emocionante primera noche madrileña.
Sabía que las cosas estaba mal por el país pero ¿esto? Chavales que se dedican a hacer la ronda por bares, a esas horas de la madrugada, cuándo muchos sitios ya están cerrando y tienen en caja el dinero acumulado tras un día de duro trabajo, y digo duro, porque al parecer la hostelería no está pasando unos de los mejores momentos. En Madrid hay bares y cafeterías en cada esquina y esto es una manera fácil de atracar sin utilizar armas ni violencia, solo se necesita un poco de picardía, ingenio y valor, además de necesidad. 

Albufera (comarca l'Horta Sud).
Valencia. Spain.


Y después de estar en Madrid, de tropezarme con quien andaba en contra mío, porque me había acostumbrado a hacerlo por el lado derecho; de intentar pagar 3 euros con la tarjeta de crédito cuando en realidad se necesita un mínimo importe para hacerlo; de devolver la bolsa de plástico en una tienda para que sea utilizada por el siguiente cliente, quien, tal vez, la necesite más que llego. Entonces llega el momento de conducir dirección Valencia y nada más llegar a la Avenida del Cid, llevarme la ligera impresión de que la ciudad es más cosmopolita. Ya sea porque hay más estudiantes o más viajeros o más turistas o gentes construyendo nuevas vidas. La ciudad dispone, por fin, de un servicio 24 horas de alquiler de bicicletas repartido en distintos puntos. Un sistema bastante práctico con recogida y devolución en un intervalo de 30 minutos por trayecto y a un precio muy accesible. Hace diez años éramos unos pocos los que nos movíamos en bicicleta, por entonces, siguiendo costumbres europeas. Ahora la ciudad tiene bicicletas para el residente, para el turista, para el estudiante y para el erasmus. Pues otra sorpresa más que me llevo de esta visita más que satisfactoria encontrándome con mi familia, con algunos amigos que estaban por alrededores y con otros que, aunque quisiera haber visto, están formándose y viajando por ahí.
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S. Aparicio Ramírez

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Solo podría pasar en NZ

Purakanui Bay. Southern Island. 
New Zealand.


Ahí va una lista de las 40 (cuarenta) sensaciones, vivencias y demás experiencias vividas en New Zealand y que, por supuesto, solo pueden pasar una vez estando en este país. Como por ejemplo...

1) Que una foca cruce una de las avenidas más transitadas de Dunedin y que el Departamento de Conservación reciba decenas de llamadas para socorrer al mamífero.
2) Que las gaviotas tengan las patas rojas, negras, sean cojas o tengan los ojos negros porque aquí hay miles y cada una es de una manera -brrrgggh-.
3) Que amanezcas en una playa y en tu paseo descubras decenas de leones marinos aún sin despertar.
4) Que te encuentres servicios públicos limpios y gratuitos.
5) Que conduzcas durante 40 kilómetros sin cruzarte con ningún otro vehículo.
6) Que te comuniques con los amigos por mensaje porque lo de llamar 'suena' raro.
7) Que te moleste encontrarte la puerta de la calle cerrada con llave, pero entonces, aun sabiendo que viviendo dos en el piso ésta estará cerrada, intentas girar la manivela, gruñes, abres la puerta de al lado, buscas en una pequeña repisa y tras palpar, agarras la llave que con alivio utilizas girando la cerradura para al fin, estar ya dentro.
8) Que te encuentres unos tacones perdidos en medio de una céntrica calle.
9) Que la policía sea extremadamente tranquila.
10) Que te encuentres dos de las finalistas (de hecho son gemelas) de un reality show en una fiesta la noche de Halloween. 
11) Que los amigos de tus amigas te paguen un taxi a tan sólo 10 minutos andando de casa.
12) Que los kiwis jamás te digan las cosas a la cara y le den rodeos para decirte algo que puede que decirlo sea vergonzoso -porque aquí todo es vergonzoso y da vergüenza-.
13) Que cruces las calles casi sin mirar.
14) Que descubras tantas bandas de música de gente popular como no lo habías hecho hasta ahora.
15) Que cada sábado estas bandas toquen en los bares y pubs ambientando el local.
16) Que vayas un martes o domingo o miércoles a las 20.00 al bar posiblemente más pequeño del mundo.
17) Que en Dunedin esté lo 'mejor del mundo'.
18) Que el gobierno invierta millones de dólares anuales para reparar daños catastróficos como son los terremotos.
19) Que recibas un mensaje al móvil desde la compañía telefónica para donar dinero a las familias damnificadas por dicho terremoto. Y que recibas otro mensaje para donar dinero a los familiares de los mineros fallecidos en la mina de Piker River.
20) Que los supermercados estén abiertos hasta media noche y las tiendas hasta las 5 de la tarde -o noche, depende de quien estén leyendo-.
21) Que te pidan el carnet cada vez que quieres comprar alcohol y no te dejen hacerlo porque no llevas el pasaporte contigo -y tampoco vale que digas que tienes 25 años-.
22) Que las noticias en la prensa local sean muy pero que muy divertidas.
23) Que vivas con otras seis chicas y no llegues a conocerlas pasados siete meses.
24) Que quizás conozcas a un chico de Letonia (¿Letonia?) y te hable un poco de Rusia cuyo continente está lejos muy lejos del entorno acostumbrado.
25) Que trabajes dando clases de Spanish.
26) Que veas camiones a diario transportando ovejas.
27) Que veas a jóvenes descalzos andando por la calle siendo invierno, verano, primavera u otoño.
28) Que en el supermercado te encuentres a las chicas con el pijama puesto aún conjuntándolo con un plumífero auténtico michelín.
29) Que te encuentres a maori, tonga, samoa, fiyi...
30) Que el viento llegado del sur sea un frío polar.
31) Que te confundan por brasileña, francesa, canadiense, escocesa, italiana o griega pero no española.
32) Que los cajeros automáticos únicamente estén en las calles más transitadas del pueblo.
33) Que la fiesta de graduación sea algo más entre amigos y familiares y no entre compañeros de curso.
34) Que con 22 años hayas terminado la carrera y encuentres trabajo en seguida.
35) Que en cada pequeño y casi deshabitado pueblo haya, por lo general, una piscina y una biblioteca.
36) Que un buen amigo te evite recibir un abrazo.
37) Que las despedidas no sean (tan) emotivas.
38) Que, a veces, los kiwis se sientan aussies.
39) Que dispongas del carnet de conducir con tan solo 15 años.
40) Que te digan 'Buenas noches' a las cinco de la tarde. 
...y podría seguir pero me quedo con estas cuarenta que me llaman la atención y me dan que pensar como espero que ocurra lo mismo con vosotros.

Aun así, me despido con la cuarenta y uno, donde quisiera nombrar (y con ello recordar) a toda la gente que se ha cruzado en mi camino durante estos ochos meses en New Zealand; también a la gente que desde alguna otra parte del mundo se sigue acordando de mí; y a mi familia por brindarme la oportunidad de hacer un viaje de ida y vuelta para, entonces, seguir aprendiendo. 
La cuarenta y dos: ¡gracias!

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S. Aparicio Ramírez

domingo, 21 de noviembre de 2010

Fábrica de chocolate

Son las ocho de tarde y a través de sus grandes ventanales se pueden ver las cajas de mercancía que circulan sin parar. Dos grandes chimeneas custodian esta gran fábrica situada entre dos céntricas calles de Dunedin y de ellas sale un humo bastante espeso que se expande poco a poco. Pero dependiendo de la intensidad del viento, éste desaparece de entre las colinas cercanas que delimitan la ciudad. Esa es la fábrica de chocolate y su característico olor que envuelve este pequeño pueblo neozelandés a estas horas de la noche.

Podría decir que veo esto y huelo este olor, amargo y penetrante, cada día volviendo a casa. Esta fábrica se encuentra justo detrás del piso donde vivo. Pero además de este olor y estos ventanales formados de pequeños cristales, también me llama la atención, cada vez que camino cerca, unos grandes focos situados a lo alto de  dichas chimeneas que iluminan casi todo el recinto. Dunedin no se caracteriza por tener calles iluminadas, con farolas extravagantes y sicodélicas como he ido viendo, a medida que crecía, en la ciudad donde nací. Aquí, las farolas iluminan cada X metros, una distancia justa y necesaria para ver lo que pisas, además, sus formas y diseños son simples. Sin embargo, en esta fábrica de chocolate, la ayuda de estos focos de una gran intensidad facilitan la visualización del holograma de la marca Cadbury, una multinacional inglesa que fabrica chocolates de todos los tipos y que después de haberlos probado, he de decir que me recuerdan al delicioso chocolate suizo Milka -y es que hasta el envoltorio de ambos es de color morado. ¿Coincidencias?-.  Pero el caso, y ya me lo decía mi iaia, es que allá por dónde los ingleses pasan y conquistan lugares, éstos dejan su negocio, es decir, esa cultura del business que tanto les caracteriza. A largo plazo todos estos pequeños y grandes países acaban compartiendo parte de este modelo de vida. 

Ahora bien, adentrada en el mundo laboral, de entre una clase que a veces creo sentirme desencajada, la sociedad neozelandesa me vuelve a brindar la oportunidad de conocerla más y desde más adentro. Tanto es así, que por ejemplo, jóvenes de edades comprendidas entre 18 y 22 trabajan sin parar porque no quieren estudiar. Porque aquí, aunque el gobierno conceda un préstamo para financiar los estudios, algunos deciden no estudiar y trabajar, trabajar hasta, una vez cansados de estar en este pequeño país, viajar al país vecino porque "pagan más, se vive mejor y el tiempo, a veces de entre tormentas veraniegas, da tregua y es mucho más cálido", como decía Mellisa Parker el día que pusieron los horarios de navidad en el trabajo. Estas fechas tan señaladas están en medio de pleno verano y es inevitable pensar en no ir a la playa, pegarse un baño o hacer una barbacoa. 


Pero esta compañera de trabajo no es la única de entre los jóvenes que cruzan el charco. Los que no pueden volar a Europa, lo que viene a ser ir directamente a Londres (Reino Unido), toman la alternativa de quedarse en este mismo continente y a tan solo 3 horas se plantan en la costera ciudad australiana como lo es Sydney. Con ello, me atrevería a decir que este es el sueño de la mayoría, que con 22 años ya han acabado la carrera, después de haber estudiado durante tres años en la universidad, y tienen en mente el trabajar, coger algo de experiencia laboral y mudarse a Europa, donde pueden tener un trabajo con mejores condiciones, mejor pagado "y porque es Europa!", quienes algunos se lo imaginan "bonito, lleno de históricos edificios y calles, románticas y ambientadas, como París, Roma, Bruselas. O estar sentado en terrazas y con vistas al mar, disfrutando del vino y la buena comida en cualquier  ciudad mediterránea... u otras ciudades cosmopolitas como Barcelona, Londres o Berlín". 


Gore. Southern New Zealand.

Pero es que para hacer este recorrido tan largo y poder disfrutar de este sueño los neozelandeses han de ser pacientes, muy pacientes, y fuertes (quizás) para aguantar casi las 30 horas y pico que suele durar un vuelo a cualquier ciudad europea. Esto conlleva entonces, que la sociedad sea efectivamente paciente y en forma, que veas a gente correr a diario por la calle, el parque, los paseos y la playa, e incluso, que los obesos sean esas personas de clase baja, que viven a base de ayudas del estado y que tienen cinco hijos desde bien jóvenes. Porque resulta que las verduras y las frutas a veces alcanzan precios impensables, dependiendo de la temporada. Así que su alimentación, no muy rica en nutrientes, se basa en el fast food y el hecho de tener una dieta equilibrada se quedan por los suelos, ni se piensa en ello. Pero no puedo quejarme de algo que no me incumbe pues así está basada esta sociedad.  

Eso sí, con todo esto, solo me basta concluir y decir que parece ser que conforme pasan los meses y después de estas pequeñas apreciaciones, me amoldo a una sociedad que me está enseñando a ver una forma de vida de diferente manera. Ya que estoy en un país pequeño, con 100 ovejas y corderos por habitante, es tranquilo y vive en paz, sin molestar al vecino de enfrente o del cuarto piso. No hay edificios donde viven decenas de familias ni ascensores que se estropean cada dos por tres. Las verduras y otros manjares que añoro de mi ciudad son diferentes pero el tiempo aquí hace que algunas otras varíen. Y sigo con la idea de que me encanta el chocolate Milka pero una vez probado el cremoso chocolate Cadbury ya no sé cuál prefiero primero...

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S. Aparicio Ramírez

Buenos días mundo

Me comentan que estos días está lloviendo y hace feo en Valencia y que, incluso mejor porque así no entran más ganas, aún si caben, de salir...