jueves, 28 de agosto de 2014

Los días pasan en la gran ciudad

Llevo algunos meses pendiente de escribir en Las Cuatro Cuarenta y por fin, robo algo de tiempo a mi día a día. Es cierto que en las últimas entregas reflejaba un estado apático pues las circunstancias que se estaban dando a mi alrededor eran bastante devastadoras. 

Hay sentimientos enfrentados en esta gran ciudad. Normalmente, cuando la vida te lleva con el flujo de la gente, no eres consciente de mirar a tu alrededor y reflexionar. Cuando vas caminando y caminas por inercia, sabes que algo muy deprisa te está pasando por tu lado y no te da tiempo a pensar cual es el camino que has de coger para ir a casa, por ejemplo. A veces, cuando me siento en el sofá del salón de casa, que por cierto, es bastante angelical, pienso '¿Cómo he llegado hasta aquí?'. Sí, esta ciudad te arrastra. 

Dentro de poco se cumplirán 9 meses en Nueva York y como todo animal, nos acostumbramos a nuestra habita pasados 6 meses. El sentido que se tiene de esta ciudad es muy diferente a medida que pasa el tiempo. En ese tiempo empiezas a entender muchas cosas y a ver esas cosas de diferente manera. Hace poco un amigo de Valencia estuvo de visita por la ciudad. Me sorprendí a mi misma cuando en el momento de pasar las barras del metro, su ticket no funcionaba y le dije 'Entra con agresividad, así como va la gente'. ¡Increíble! Sí, esta ciudad te lleva a decir estas cosas. 

Una vez estás en el metro, aquello ya es una lucha de ver quien es el más fuerte, el más listo y el más entero. A parte de que las horas que pasas en él pueden ofrecerte mucho espectáculo. Ayer, sin ir más lejos, entró una señora con una Biblia en la mano, envuelta en un folio blanco que con rotulador decía 'Law is the Biblie' (La ley es la Biblia). Muchas de estas personas que inician un discurso en el vagón se esperan a que el tren arranque. Una vez en marcha, esta mujer se puso a gritar frases incomprensibles con un inglés entre latino, portugués, indio y americano; vamos, que allí no había quien le entendiera. Lo gracioso llega en el momento que fui a cambiar de tren y la señora entró detrás mío. Pensé 'Noooo' y corriendo salí para saltar al de al lado que justo sus puertas se estaban cerrando y que el revisor volvió abrir y que, además, renegó por megafonía. Los otros pasajeros me observaron y no me quedó otra cosa que sonreír; sabía lo que acababa de pasar. 

Así, los días, las semanas y los meses han ido pasando. Dicen que a veces es bueno desconectar de la rutina y quedarte sin batería en el móvil, al menos, un fin de semana. El pasado sábado estuve en Boston. Una ciudad con cierto encanto, pequeña, manejable, limpia, segura -y más tras la explosión durante el maratón del 2013-, juvenil, con una brisa que llega del río Charles y que te obliga a ponerte una chaqueta en el mes de agosto. Sin embargo, cuando volví a Nueva York algo me hizo pensar que la adrenalina de esta ciudad engancha y que el momento de vivirlo, disfrutarlo y exprimirlo es ahora que, somos jóvenes, pertenecemos a la generación millennial y tenemos ganas. Y esto va por muchos de los españoles y amigos que tengo en la ciudad y quienes todos tenemos un propósito: llevarnos lo mejor de cada momento que vives en esta ciudad, ya sea más duro o más fácil.


NYC Subway


jueves, 15 de mayo de 2014

Muy frenética

Nunca conseguir algo había costado tanto. Y es que, hasta un sábado, una se despierta en Nueva York con prisas, corriendo a una reunión que, posiblemente, te traiga la oferta de trabajo que estabas esperando. Así que una vez más: Welcome to New York!

Esta ciudad frenética que comentaba en la anterior entrega, no deja de sorprender. Ya son cinco meses que intento conseguir un trabajo que me apasione y me permita tener una vida un poco más establecida en la ciudad. Pero estos cinco meses son pura adrenalina. Unas constantes subidas y bajadas. La oportunidad está aunque se resiste a llegar y parece que se retrasa. Tras un trabajo en un Wine Bar, otro en una empresa de cosméticos franceses, otro en una agencia de marketing online, uno como profesora de inglés, unas prácticas en una importadora de vinos españoles... Llega el momento que, con estas últimas prácticas me centro en una industria, un tanto sofisticada, interesante y en crecimiento. Por ahí van los tiros. Sumergida en los tipos de uvas, las añadas, las denominaciones de origen, los países, el mundo viejo y el mundo nuevo. 

Sin embargo, aquellas prácticas que vacilaban de un futuro próspero, llenas de experimentos y proyectos, de aprendizaje y explosión profesional, de promesas que se dicen y que luego no se cumplen, se quedaron en habladurías. Lástima, o afortunadamente que, todo en la vida, sirve para algo. La primera lección, nunca confíes en las palabras de un jefe, siempre ten guardada una alternativa para que al final quien salga beneficiado seas tú, y no él. Él, el Gran Jefe, al fin y al cabo, si no tiene las bases de cómo llevar un negocio y si no sabe gestionar una empresa, nunca verá tu potencial. Como dice la canción de Manu Chao, "si la vida te da más de cinco cabrones para aguantar, se fuerza la máquina de noche y día". 

Pues cabrones hay en todas partes, y disculpen la palabra no quisiera ofender. También hay cincos razones para seguir luchando, cinco razones para seguir soñando. La ciudad de Nueva York se mueve, se mueve y se engrasa cada día como esa máquina que rueda y que cuenta Manu Chao. Cada día más fuerte para afrontar las siguientes entrevistas, ofertas no cumplidas y/ u ofertas que llegarán. Su fin, llegar a conseguir que el día siguiente sea mejor que el anterior. No es fácil y, Nueva York, no lo pone fácil. 

Hay muchas frases que recuerdo a menudo, al menos, en esos 50 minutos de tren que tengo a diario para llegar a la famosa Penn Station y que, me sirven para mirar el día a día con más optimismo y mejor entendimiento. Una: paciencia es la madre de la ciencia. Seguramente, nunca me había inquietado tanto una situación de incertidumbre como en la que me encuentro ahora mismo. Otra: las cosas buenas tardan en llegar. Mi tío Patrick me recordaba esta mañana que a menudo, aquellas buenas oportunidades tardan más en cultivarse hasta que el fruto ya está listo. Una más: si lo consigues en Nueva York, lo consigues donde sea. Ésta la comentaba en la anterior entrega, la famosa canción de Frank Sinatra. Hace unos tres meses mi tío Paco me propuso escribir una entrega donde explicase a qué se debe esa frase. Por entonces, apenas recién aterrizada (y aún sigo como marca nueva en esta gran ciudad) no tenía argumentos sólidos para publicar algo así. Hoy sí. Hoy sí después de todo este esfuerzo, calvario, entrevistas sin respuestas, promesas incumplidas, trámites truncados, procesos desconocidos y charlas inesperadas. Hoy sí y si después de todo esto, no sale nada, es que la canción, esa canción, tiene mucho más sentido de lo que yo me imaginaba. 



Los pescadores saben que el mar es peligroso y la tormenta, terrible. 
Pero este conocimiento no les impide hacerse a la mar.


viernes, 25 de abril de 2014

¡Cuánto me estáis enseñando!

Pues sí, llevo casi cinco meses en la ciudad y hay muchas historias que contar. Algunas las intento reflejar en Las Cuatro Cuarenta. 

Pensamos que vivir en una ciudad de nombre es 'cool', formidable, diferente, apasionante y sobre todo, que todos los ojos están puestos en ella. Sin embargo, hay otros que encuentran fascinante vivir en ciudades exóticas, sin nombre, culturalmente diferentes, atractivas por su lejanía y maneras de supervivencia. Pero si lo piensas detalladamente, la ciudad en sí, no importa. En cambio el lugar sí, ¿por qué?. Por la sencilla razón de que el lugar es el que creas, el que te sientes infentificada y cómoda. 

Por ejemplo, la ciudad de Nueva York es esa a la que se le llama: New York City. Es esa que tiene al mundo entero mirándola. Se le mira y se le apasiona porque la sociedad, nosotros, hemos creado que así sea, ese concepto mágico de que Nueva York es NUEVA YORK. Hemos crecido con la idea de que esta ciudad lo tiene todo, y es cierto, aunque igual carece de limpieza urbana y otras historias más. Esta es la ciudad a la que se le han escrito decenas de canciones. Donde se dice que conseguirlo aquí, es conseguirlo en todas partes. La ciudad que amas y odios en un mismo día. La ciudad que recomiendan vivir una vez en la vida pero te dicen que te vayas antes de que sea tarde.

Sin embargo, también puedes irte a vivir a ciudades que por su situación geográfica la hacen un poco más insólita. Como es Auckland, la ciudad más poblada de Nueva Zelanda, conocida como las antípodas españolas. Ese mundo entero que hay que recorrer para que no hayan distancias. Solo existen las que nos proponemos. Ese país donde el 30% del mundo no sabe ni donde está, ni que hay allí, ni que existe. Ese país que en numerosas ocasiones se le confunde con Australia. Ese país que cuando se nombra, le sigue una cara de felicidad. E incluso, el país que por ser tan poco conocido y pequeño hace ¿qué perjudique al comportamiento neozelandés?

Sin ir más lejos, las redes sociales reflejan este movimiento general dividido por las nuevas tecnologías, edades, sexos y demás. Gracias a la actualización de estado en el Facebook, por ejemplo, uno se hace una idea que intereses tiene un neoyorquino, neozelandés o tailandés. El primero intentará siempre llamar la atención poniendo anuncios, haciendo preguntas y organizando eventos. El segundo fascinará a todos por la historia tan alucinante que acaba de ver en el metro, compartirá lo más inverosímil que hay en las calles de la ciudad o anunciará su próximo estreno artístico. Y la tercera, se limitará a colgar fotos de comida, de sus playas de aguas turquesas y de ellos mismo con cara de felicidad. De hecho, acaba de salir un estudio que dice que la gente de Bangkok y Sao Paulo son los más felices en sus 'selfies'.

De este mismo modo, la actitud de un neoyorquino frente a ciertos problemas, no será igual que la que refleje un neozelandés. Sus habitas son diferentes. Allá donde un conflicto cívico ruso parece no importar porque los intereses económicos, políticos, sociales no tienen nada que ver con el país; en Nueva York, en Estados Unidos, algo así se mira con lupa. Y así, lo mismo ocurre con un sin fin de historias que pueden afectar a dos sociedades anglosajonas totalmente diferentes.

En fin, que mientras unos intentan llamar la atención, otros ya la tienen. En una ciudad se reúne más cantidad de gente que un país entero. En los dos sitios les une una misma lengua, diferente acento, mismos 'bagels' (panecillos), mismos hábitos y diferente comportamiento. Y ya que nombré Tailandia, y mi paso por Bangkok, en alguna entrega confrontaremos la sociedad asiática con la americana. Dos mundos. 

Nueva Zelanda y Nueva York.
Nueva York y Nueva Zelanda ¡cuánto me estáis enseñando!


"Dime y lo olvido, 
enséñame y lo recuerdo, 
involúcrame y lo aprendo".

martes, 15 de abril de 2014

Nueva York flipa a las mujeres

La otra noche mi padre me despertó con el siguiente Whatsapp: Ingeniero Técnico 18.000€/ año. Dicen los expertos que tardaremos 16 años en alcanzar el nivel económico del que gozábamos antes de la 'famosa' crisis. 

En Nueva York eran las 3:30 de la mañana, en España las 9:30. Hay un dato que no puede dejar indiferente a nadie y, menos, a los jóvenes que como yo esperábamos tener un trabajo digno aquel día que entramos en la universidad y nos contaban esos proyectos, porvenires, etc. sobre un futuro muy próspero y que sé yo. ¡Mentira! Digo yo ahora 11 años después de aquel primer paso. Por desgracia nos ha tocado vivir esta época en la que, o bien, te sacrificas y tragas o, en la que vives dando tumbos de un lado para otro hasta que la campana suene y traiga un poco de suerte y, claro, tú no seas demasiado mayor. Sin embargo, como yo, hay muchos otros colegas, que desde hace ya unos años decidieron no parar. Y sobre todo, que ellos, los de ahí arriba que dicen gobernar, no nos pararan. Sí, como comenté mi sueldo actual equivale al sueldo mínimo permitido en el país. Ese mismo que tiene la gente que trabaja en puestos de comida rápida o empresas de limpieza. Pero como me dijo un amigo poco después de cumplir los 29 y, que no he parado de repetir: las cosas de palacio van despacio. No es que trabaje en un palacio, no. Es que, supuestamente, desde Europa tenemos la idea que trabajar en EE.UU. es la bomba. 

Lo que, verdaderamente, ocurre es que trabajar en este país te hace ser más fuerte, más competitivo, más estable, más luchador, más productivo. Ya creía lo mismo cuando tomé la decisión de ir a trabajar a Bangkok; pensaba, "después de Tailandia que me digan de montar un stand en medio de la nada, que lo monto". Ahora, tras hablar con varios españoles que andan, más perdidos que una aguja en un pajar, sigo pensando que tras esta andadura, el futuro está por llegar. Además, nos lo contaron hace un par de semanas en la Cámara de Comercio Española, quienes han iniciado un Taller de Búsqueda de Empleo para Españoles en Nueva York. En ella se nos contó que la finalidad de este taller es ayudar a los jóvenes que llegan a la Gran Manzana en busca de trabajo. Tras las palabras del director de migración española hay algunos matices. Una entidad española ayuda a los jóvenes que inmigran a la ciudad. Dicha entidad está respaldada por el ministerio de Asuntos Exteriores quien, a su vez, depende de las nuevas regularizaciones, leyes, recortes, derechos, decretos y demás aprobados, eliminados, creados y aplastados por el gobierno central. De ahí, que cada juzgue la creación del programa...

Para una chica cosmopolita, independiente, joven y sin compromisos probablemente sea la ciudad que, debido a su gran abanico cultural, tenga mucho que ofrecer. Sin ir más lejos, en ese taller que comentaba ¿podéis imaginar cuánta gente había? ¿Cuál era el porcentaje de mujeres y hombres?. Un 95% del total de los asistentes, éramos chicas. Yes! Jóvenes dispuestas a alcanzar la cima en la ciudad donde más se mira a la bolsa desde todas partes del mundo y que, por cierto, está dominada por hombres. Pero la cima se alcanza sembrando. Parece ser que una de las mayores esclavitudes del ser humano, el de la mujer como mujer, sufre una transformación en la sociedad del siglo XXI. La mujer trabaja, decide, viaja, es independiente...¿Asustará que, la mujer actual, haya logrado una gran emancipación? 

Mientras, tengo en la cabeza la famosa canción de Frank Sinatra que dice que si lo consigues en NY, lo consigues donde sea. También hay otra que dice vive en Nueva York una vez en la vida pero vete antes de que se te haga más difícil vivir en ella. Solo llevo cuatro meses y hay mucho que contar. La letra de estas canciones están cargadas de verdades, entre otras. Por la sencilla razón de que esta ciudad no te deja tiempo para reflexionar. Es decir, vives tan acelerada, tan sumergida en tu día a día que no hay suficiente tiempo para detenerse y pensar y si lo haces, quizás ya sea demasiado tarde, el de atrás ya te ha pisado. Además, el neoyorquino está tan acostumbrado a ver turistas en su ciudad que antes de que alguien vaya y le pregunte, éste ya está en la acera de enfrente. Como bien hizo el marido de mi tío, nacido en Long Island: "A mí, no me vengas a decir nada, ves al turista", le decía a un loco degenerado que hablaba solo en la calle y que molestaba un poco. Pero este no es el único que te encuentras por ahí perdido en Nueva York, hay unos cuantos más que gritan al aire, que hablan solos, que duermen en los metros. Cuando vives en la gran ciudad, esos ya no los ves. Sí que están pero no los ves (o no quieres verlos). Hace un par de semanas cogí la línea L, votada la línea más limpia por sus miles de usuarios diarios. En ésta, un vagón estaba completamente vacío (algo inusual de ver) y conforme se abrieron las puertas, el olor de esa vagón era indescriptible, era asqueroso. Un vagabundo dormía al final de vagón rodeado de sus bienes envueltos en bolsas de basura.

Aún así, y a pesar de las diversidades de vivir en una gran ciudad, a una le va entrando el gusanillo de que esta ciudad tiene algo que atrapa, que desborda, que satura, que engancha...¡qué flipa! 

"La vida es muy peligrosa.
No por las personas que hacen el mal, 
sino por las que se sientan a ver lo que pasa".

miércoles, 2 de abril de 2014

Cuando ya no vendan esas chocolatinas ¿qué voy a hacer?


Hay unos 53.000 vagabundos en todo Nueva York. Unos 22.000 son niños. De entre esta cifra, más de 12.000 familias enteras viven en las calles de esta gran ciudad. Es por eso que ahora una entiende la cantidad de gente que hay en la calle pidiendo 'una ayuda'; es innumerable. Hay algunos que se atreven a entretenerte con unos malabares, otros sujetan un cartel, otros tantos duermen con un gorro entre sus piernas. Algunos te sorprenden con un libro en la mano y una bonita frase que dice Everyone needs a little bit of help (Todo el mundo necesita un poco de ayuda). E incluso hay algunos que sujetan un cartel con dos hilos desde sus determinaciones apuntadas. En él te explica que le pasó y lo que necesita. El texto está en inglés y en castellano. 

Claro, al principio iba repartiendo dólares por compasión ¿podría decir?. Me sorprendía de mí misma porque me sorprendía ver a tantas personas pidiendo y no me sorprendía de la misma manera cuando vivía en Bangkok. Será que una llega a EE.UU. pensando que todo es capital, consumo, riqueza...¡Pero no! ¡No es así! Y tiene sentido...de eso ya hablaré en mi siguiente entrega.

Ahora, que desde hace 15 días encuentras chocolatinas en forma de huevitos y envueltas de un color brillante en las tiendas, esas que dicen Pharmacy 24h, que uno de un país no-anglosajón puede pensar que es una Farmacia, llena de medicamentos y demás, pero no, esto es un supermecado donde se vende todo tipo de comestibles empaquetados, enlatados o en bolsas. Y allí es donde encuentro un pasillo repleto de chocolates en forma de conejo, de huevo, de pato... porque las Pascuas están cerca (¿?). Así que lo que hago es comprar bolsas (en plural, porque ya van un par) que cuestan alrededor de unos $3 y que van cinco onzas (no llega a 150gramos). La llevo en el bolso y, como no puedo soltar los dólares tan al aire, porque realmente vuelan y porque mi sueldo no alcanza para mucho, reparto chocolates a los vagabundos que leen, que tienen un cartel que me llama la atención y a los niños. Éstos no piden pero igual, el metro que cojo a diario para subir al Bronx cada día va repleto de niños cogidos de la mano de su mamá. Vamos, que soy la 'Tía de los chocolates', como me dice una compañera de trabajo, que por cierto, es dominicana. Bueno, todos mis compañeros son dominicanos y/o con papás dominicanos pero nacidos aquí. Éstos pronuncian la ere como una ele y la ele como una ere. Vamos, que hasta el más doctor de los doctores suena divertido y poco serio. Pero ellos no tienen la culpa. La tienen los gallegos que llegaron a su país. Gallegos de Madrid, también, ¿eh?. Como me dijo el vendedor número uno de la empresa: "El dueño de esa tienda a la que irás el viernes es gallego, bueno, nacido en Madrid. Esos son gallegos también, ¿no?" En fin...

El caso es que a parte de gente que vive en la calle hay otra que te entretiene los largos viajes en metro y en una línea que cruza Manhattan, como por ejemplo la R, te encuentras desde tres jovencitos rapeando mientras uno hace piruetas arriba y abajo, enganchado en las barras y saludando boca abajo, con mucha gracia, a todo el personal, hasta un señor haciendo trucos de magia de donde saca una paloma, un conejo y hace desaparecer un sombrero. O, siguiendo en la línea de las artes, también te encuentras alguno que toca los timbales. Pero, entonces tu viaje puede terminar en la parada principal de Brooklyn y tener el gustazo de cruzarte, por sorpresa, pues su entrada en el vagón es discreta, con tres hombres de unos 50 años, afroamericanos, cruzando de un lado a otro del vagón, en fila india y sosteniendo un gorrito negro al mismo tiempo que cantan a Capella "What a wonderful world that would be...




"La verdadera pobreza no es la falta de pan, ni de techo,
la verdadera pobreza viene de la sensación de no ser nadie".



*Cita extraída de María Teresa de Calcuta. Lección número uno que aprendes viviendo en Nueva York es que, aquí, no Puedes ser como ella...

sábado, 22 de marzo de 2014

Tengo algo que contarte...

Si solo fuera por un día I wish you were here para ver como estamos, como los años nos han hecho más fuertes y más guapos, además de más mayores. Como ya te habrá contado el iaio, estuve pasando los veranos en Siete Aguas, con los tíos que se compraron una casa más tranquila, ¿la llegaste a ver? ¡Y los iaios también vinieron a pasar el verano! Fue ¡super divertido!. El papá estaba trabajando muy duro. ¡Ah! digo trabajando porque ya se ha jubilado; sí, sí, ahora te cuento. El tete empezó a estudiar en La Universidad de Valencia y yo fui al instituto, al lado de casa. Cuando terminamos, papá nos regaló un viaje a Nueva York y estuvimos en casa de la tía Amparín unas seis semanas. Aunque, para vuestro aniversario nos llevó a París, donde fuistéis en vuestra Luna de Miel. Aquella ciudad es preciosa y más lo sería cuando estuviste tú allí, seguro; reflejaría tu sonrisa por el Sena. 

Después de ese viaje papá me enseñó otro mundo, más allá de España. Siempre nos ha enseñado muchas cosas. Ha trabajado muy duro, pero como te decía, ya se ha jubilado y ahora está fenomenal. Además tiene una pareja que le hace muy feliz. Se complementan muy bien y ha hecho que la vida de papá esté más completa. 
El tete empezó a trabajar de camarero mientras estudiaba, ya sabes que el papá siempre ha querido que sepamos valorar lo que cuesta ganarse las cosas. Cuando terminó la universidad hizo un máster y desde entonces ha sido un ejemplo para mí. Siempre se preocupa y me da consejos, ¿sabes? Es el auténtico hermano mayor. Ahora trabaja en un banco y está muy muy contento. Se compró un piso que si vieras la zona donde está, no la reconocerías. También parece que ha encontrado a una chica que le hace la vida más feliz. Y hace poco escribió tu fecha de nacimiento forever. Te echa de menos... de hecho, la iaia le regaló una foto donde sales tan bella. La tiene en un marquito al lado del televisor, ¿la has visto? 

La iaia es una auténtica luchadora. Lleva ya mucho tiempo sola aunque tiene una chica de Rumanía; por fin, hay libre circulación de personas en toda Europa. Ahora este país forma parte de la Unión Europa. Hay muchos avances en cuanto a sistema social y nuevas leyes. Aunque poco a poco lo están derrumbando todo, otra vez y más aún, tras esta maldita crisis. Con todo, la iaia aún tiene algo de pensión, por suerte. Las últimas navidades no ha querido salir de casa pero hemos estado ahí para que los días no se le hagan largos, y siempre está al loro de todo. A veces comenta que ya tiene ganas de reunirse con vosotros y tomar un café pero aquí no le dejamos. 

Y bueno, en cuanto a mí, no sé que contarte. Igual papá te habrá mencionado algo alguna vez que está solo en casa. Estudié periodismo y terminé el último año en Gante, Bélgica. Te preguntarás cómo ¿verdad? Pues, por el afán de vivir nuevas experiencias, de conocer mundo, de aprender y aprender. De ver lugares, oler distintas flores, escuchar música diversa, leer cosas que no entiendo y hablar con gente extraña que esconde maravillosas historias. Casi como la mía. La iaia y papá dicen que estarías patint, si tú estuvieras aquí. He viajado por algunos sitio más y vivido en cuatro continentes. Me imagino que no te estarás asustando demasiado. Ya paro, no te preocupes. En estos siete años lo más grave que me pasó fue una neumonía y una gastroenteritis y me curé rápido. Todo este tiempo he estado trabajando de todo un poco y haciendo cosas que ni te imaginas. Pero ya sé que me has estado vigilando y que los días más difíciles los hemos pasado juntas.

Ahora, si te digo donde vivo, no te lo vas a creer o quizás tengas ya una idea. El tete me ayudó un poco a tomar la decisión y aunque papá ahora tiene más tiempo libre, antes de venirme nos fuimos al País Vasco juntos. Disfrutamos de cada segundo, como te podrás imaginar. En estos momentos, te escribo desde Nueva York. Estoy en casa del tío Paquito, la tía está muy mayor pero tiene mucha vitalidad. Los dos, el tío y Patrick, me cuidan muchísimo. Y también tenemos una foto tuya en mi habitación.

Te preguntarás porque me he venido aquí esta vez ¿cierto? Resulta que hay una crisis que afecta a todo el mundo y más a Europa y a unos países más que a otros, como es el caso de España. Tengo el culo inquieto y, como no sé cuando podré verte de nuevo, vivo cada segundo agradeciendo lo que tengo y lo que soy gracias a TI y a PAPÁ. Sí, ya sabes que los echo tantísimo de menos que a veces me duele pensar que estoy haciendo esto y estoy tan lejos. Suerte que con Internet nos podemos comunicar de inmediato y conversamos de todo, en todo momento. E incluso, nos mandamos fotos de lo que hacemos y por donde vamos. Además, cuando paro por Valencia siempre quedamos con Pepa, Jose y Amparo y, hasta pusimos de tradición vernos la noche de Reyes. Nos reímos contigo muchas veces. 

En todo este tiempo he conocido a muchísima gente, he encontrado a gente maravillosa en el camino y como te decía, gracias a Internet, puedo seguir en permanente contacto. Incluso, algunas veces, nuestros caminos se han vuelto a cruzar. Como ya nos encontraremos contigo algún día. Mientras, sigue volando, que yo sé que me sigues y me cuidas y que, cuando estoy triste y lejos de casa, me mandas fuerzas y sabiduría porque así es como más cerca estás, mamá.


"En nuestros locos intentos, renunciamos a lo que somos
por lo que esperamos ser", Shakespeare. 


miércoles, 26 de febrero de 2014

Los domingos


Me gusta pintarme los labios, lo reconozco. Pero de un color discreto y acorde con la ocasión. No soy de marcas caras y tengo tonos rosados y algún que otro rojo pasión. ¿Qué sería la vida sin pasión?. Aquí, en Nueva York, saben muy bien lo que es eso. Constantemente te recuerdan en los encuentros para hacer el famoso networking que debes tener pasión en todo aquello que haces. Pero por descontado mencionar que el 75% de los americanos tiene pánico a hablar en público. Es por eso que muchos de estos eventos van sujetos a las formas y modales para relacionarse. Está claro, el norteamericano emprende pero no sabe conectar con las personas (adecuadas). ¡Y necesita ayuda!. Algunos eventos motivan, otros enseñan y en otros tantos se aprende a presentarse en 30 segundos. Aquí el tiempo es oro y cuesta dinero. De hecho, ya no vale regalar el tiempo, los años de esclavitud se acabaron hace 50 años. A pesar de eso, la tasa de desempleo entre los afroamericanos es de un 13%, que es casi el doble que el de la población en general (7,4%). 

En la ciudad se ven a los trabajadores. Los hombres trajeados con prisas que salen del metro y van directos a la oficina, sin detenerse y sin mirar. El GPS va incorporado y lo siguen para no alterar su ruta, claro, no vaya a ser que pierdan un minuto. Ellas también van con prisas, sin embargo, llevan zapatos planos, botas de nieve, botas altas o zapatillas de deporte y, un abrigo largo que no deja pasar el frío. Una vez llegan a la oficina, se cambian el calzado por uno un poco más bonito, ese que pega con la falda, las medias y la blusa. Aunque a veces no combina tanto. Con las prisas no tienen tiempo para hablar pero es que tampoco se intercambian una mueca entre tantas miradas cruzadas en el tren. Ese tren en el que pasas un largo tiempo del día y que muchos cogen. Todos los que abandonan sus casas hasta dos horas antes de empezar a trabajar para llegar a tiempo pero aún así, siempre, siempre, llegan tarde. 

Pero entonces, llega el fin de semana, el ansiado fin de semana. Los viernes comienzan con un Happy Hour donde en algunos bares las cervezas cuestan tan solo un dólar. ¡Y llega el sábado y el domingo! Es el momento de ver a las chicas un poco más sexy y arregladas, salen de fiesta y llevan tacones. Bueno, y es que llevan tacones aún con nieve y hielo en las calles. Menos mal que van acompañadas y se sujetan del brazo de su pareja, sino, ¡qué peligro!. Aunque el peligro está cuando entre semana esas parejas a penas se ven por falta de tiempo. Pero ya estamos en fin de semana y hay que aprovechar. Tanto es así que los clubes de Nueva York son los que más tarde cierran de toda la costa este de Estados Unidos. A las 4 de la mañana. Y en ellos, el norteamericano, demostrará una vez más que no sabe ligar. ¿Su manera para entablar una conversación? Sí, así lo creen, desean mantener una conversación de lo más amena. Entre la música de fondo, los empujones, los olores malolientes y las distintas pronunciaciones en inglés, aquello se parece más a una comedia italiana que a una peli ambientada en París. Pero ellos se empeñan.

Y cuando menos te lo esperas, ya es domingo. El día del señor, como bendijo y consagró el Señor, el día del reposo. Y ya está, los domingos en esta ciudad, son para las parejas. Y si además sale el sol, aún salen más a la calle y aún demuestran más su amor. ¿Qué de que manera? Pues muchos salen a comer, van al cine, al parque, a jugar o simplemente a tomar. Como podría hacer cualquier pareja en otra ciudad del mundo. Pero lo que aquí llama la atención es que ellas y ellos por fin van acompañados y les envuelve una inmensa felicidad que se dibuja en sus caras. Una sonrisa que, de un modo u otro, lleva pasión, mucha pasión. Y la llevan a su manera. 


"A veces el corazón ve,
lo que es invisible para los ojos"


Buenos días mundo

Me comentan que estos días está lloviendo y hace feo en Valencia y que, incluso mejor porque así no entran más ganas, aún si caben, de salir...